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sábado, 7 de marzo de 2015

Sucedió en Montecarlo

Era la graduación de fin de carrera, y entre todos habíamos decidido hacer un viaje a Montecarlo.


Tanto mis dos amigas como yo teníamos todo pensado, hoteles, visitas, playas, museos y un largo etc …, pero lo que no teníamos pensado era lo que realmente iba a suceder en estas vacaciones en Montecarlo.

 
Yo siempre había sido la tímida del grupo, y aunque Belinda, la divertida del grupo, y Miranda, la supernova, me querían llevar bajo las riendas de la diversión pagana, la única verdad es que siempre me echaba para atrás en el último momento. Por cierto, si aún no me he presentado mi nombre es Natalia. 

Cuando llegamos a Montecarlo lo primero que llamo nuestra atención fue el lujo que emanaba de todas partes. Mirarás donde mirarás todo eran cochazos, mansiones y todo tipo de marcas de lujo, que para nuestra desgracia estaba fuera del alcance de nuestros pobres bolsillos.
 
Justo cuando sacaba mi equipaje del maletero del taxi y me dirigía a cruzar la calle para entrar en el hotel un coche que venía a toda velocidad estuvo a punto de atropellarme en seco. El conductor frenó a pocos centímetros de mí, mientras sus neumáticos chirriaban de una manera espantosa.. El coche era un descapotable negro con todo lujo de detalles típicos de Montecarlo. Mi sorpresa fue aún mayor cuando el chico que conducía el lujoso coche salió a toda velocidad del coche a ver que había pasado con sus neumáticos sin fijarse ni por un instante en mí.

- Estoy bien ¡Gracias por preocuparte por mí! - dije mientras recogía mi equipaje del suelo.
 
-¿Estás loca? Por tu culpa por poco daño mi coche nuevo

-¡Esto es el colmo! Soy yo la que por poco muero atropellada, y resulta que ahora la víctima es tu coche- grite enfadada

- ¿No te han enseñado que la carretera es para los coches? No para chicas bonitas despistadas – Grito de nuevo mientras pasaba su mano una y otra vez por la delantera del coche en busca de algún daño

 
- Y a ti ¿no te enseñaron a conducir más despacio en zona urbana?, por cierto lo de bonita sobra ¿No crees?- no esperaba una palabra agradable por su parte, pero dada la situación preferí dar punto final a nuestra conversación. Mientras me giraba y cogía mi equipaje del suelo él también se dio media vuelta mientras decía

-Lo que me faltaba que una turista me diga como debo conducir por mi ciudad


Seguí caminando sin mirar atrás para llegar a la puerta del hotel, y evitar volver a verle la cara a ese ogro, cuando un enorme perro salió corriendo del hotel a toda velocidad con tan mala suerte que choco de lleno contra mí tirándome hacía atrás escaleras abajo. Cuando por fin todo acabo pensé que debía estar muy mal ya que no sentía nada, bueno eso, o que realmente la caída había sido más grave y ahora ya no estaba donde debía estar. Abrí mis ojos lentamente y cual fue mi sorpresa cuando descubrí que la razón de que estuviera ilesa era que el chico que estuvo a punto de atropellarme había llegado a tiempo y había evitado mi rotunda caída cogiéndome en brazos.

 
Sin dejarme aún en el suelo regañaba al perro que muy contento y ajeno a todo, corría alegremente por nuestro alrededor.

- Sansón te he dicho mil veces que no corras por los pasillos- grito mientras por su parte el perro seguía sin hacer el menor caso. Era un bello ejemplar de Husky siberiano con unos enormes ojos azules.Al ver que de nuevo se había olvidado de mí no tuve más remedio que hacer algunos movimientos para bajar de sus brazos lo más rápido posible.

- Creo que me tengo que disculpar de nuevo- dijo mientras me soltaba 
-¿De nuevo? - dije yo mientras me arreglaba la ropa y cogía de nuevo del suelo mis maletas 
- Mi perro a veces es algo bruto

  - Bueno, creo que es algo de familia, así que tranquilo podré soportarlo- me di media vuelta para entrar de una vez al hotel cuando se me adelanto y me quito las maletas de las manos, y sin decir nada fue hasta la recepción, y yo como una tonta sin remedio fui tras él.

- Le dan a la señorita una suite imperial y la cargan a mi cuenta personal- dijo mientras el recepcionista buscaba en su ordenador la suite imperial
- No es necesario, yo ya tengo mi reserva hecha- grite sin éxito ya que ni caso me hizo
- Ya me lo agradecerás más tarde-  y sin decir nada más se fue
- Por favor, puede anular esta reserva y darme la mía- le dije al recepcionista
- Lo siento señorita, pero ha sido una orden directa del director de hotel
- ¿El director?
Si, el director- y dicho esto me dio la llave de la habitación y ordeno que se llevaran mis maletas.
 
Cuando llegue a la suite, me senté allí sola sin saber que hacer ni que pensar, y para colmo de males mis amigas no habían podido venir. Una de ellas por problemas familiares, y la otra por irse de viaje con su novio.Si me hubieran avisado con tiempo habría cambiado mis planes, y segura mente me habría quedado en casa, pero no, ellas como siempre haciendo cambios de última hora sin pensar en los demás.

Al cabo de un rato y tras ducharme y cambiarme la ropa por unos short cortos y una camiseta con sandalias a juego, tocaron a la puerta. Por un instante pensé que era el servicio de habitaciones con la cena ya que estaba hambrienta, pero cual fue mi sorpresa cuando al abrir me encuentro con el husky con un sobre blanco en la boca. Lo dejo a mis pies y salió corriendo escaleras abajo.


 Abrí el sobre y dentro había una nota que decía:

“Te espero en la entrada del hotel”

No tenía nada mejor que hace así que baje rápidamente por el ascensor y fui directa hacía la entrada del hotel. Allí estaba él, y por primera vez desde que le conocí me fije realmente en como era. Tenía el pelo negro y unos enormes ojos azules. Era muy alto y sus hombros eran bastantes anchos, además sus músculos estaban bien definidos, sin duda alguna, debía ser un gran deportista.

Al verme sonrío y abrió la puerta de su coche, para que entrará en el. Como no podía ser de otra forma, fue Sansón el que entró primero y se colocó en el asiento trasero. Una vez todos dentro me dijo:

-Sé que no soy precisamente el tipo de hombre que se quiere volver a ver, pero no pierdes nada por intentarlo

Estuvimos toda la tarde de un lado a otro de la ciudad, disfrutando al máximo de cada lugar, y como no de cada instante. Quizás sin quererlo esa tarde fue la mejor de mi vida, y la pena era que ya se terminaba, ya que sin remedio llegaba el momento de regresar al hotel. Una vez allí ninguno de los dos se atrevía a decir nada, y él se dio la vuelta para marcharse.

Yo iba a hacer lo mismo cuando Sansón empezó a dar vueltas a nuestro alrededor y a enredar nuestros pies con su correa. Sin querer nos junto de nuevo, y fue entonces cuando nuestros rostros estuvieron tan cerca el uno del otro que el beso fue algo inevitable. Debo confesar que fue el mejor de mi vida, y no es que me haya recibido muchos, pero ese sin duda fue el mejor y el más apasionado.

Ahora estamos juntos, y sigo viviendo en Montecarlo el lugar que cambio mi vida para siempre...

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